A Sofía le gusta expresarse. Que todos sepan quién es y que su naturaleza arco iris se manifieste. Así podemos verla entrecerrando los ojos al son de esa canción tan romántica, que la lleva a fantasear con un amor tierno y valiente. Es una deco entusiasta, puede pasar horas recorriendo las calles de Moscú para elegir la más colorida de las mamushkas. Y también es Sofía la que está en medio de ese grupo de amigas que conversan y ríen. Ella es la que no para de dar consejos y divierte a todas con sus historias, la amiga que todos queremos tener. Ahora, además, podemos conocer a las Sofías que estuvieron antes y descubrir qué quedó en ella de aquel pasado. Cuál fue el legado que recibió. Bajo esta luz de ayer el entorno se transforma. Aparece una Sofía más clásica, que hace tintinear las porcelanas con té humeante mientras su mirada se escapa por la ventana para rescatar un paisaje frío, que contrasta con lo abrigado que siente el corazón. Esos moños de diferentes colores y texturas que la actual Sofía se prueba frente al espejo y que conforman su identidad, antes fueron lazos. Lazos que hoy perduran, manteniéndola siempre unida a esa que fue y sigue siendo, bien cerca de sus recuerdos y emociones.

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