Cuando era chiquito Benjamín se perdió y anduvo de aquí para allá buscando un refugio. Así fue como llegó a una ventana que tenía el calor que estaba necesitando. Al mirar a través del vidrio, Benjamín descubrió que del otro lado había un hogar. Entonces volvió una y otra vez, y soñó sin parar con estar durmiendo adentro, feliz y confortable. Hasta que un día sucedió: la ventana se abrió y, mágicamente o por puro amor (ustedes elijan), Benjamín no solo entró en ese hogar sino que fue adoptado y hoy es uno más de la familia. ¡Vivan las segundas oportunidades!